lunes, 11 de noviembre de 2013

LABORES, AFICIONES Y JUEGOS

LABORES

Nos puede llevar a error la imagen idílica que tenemos de las hadas, dulces, mágicas, rodeadas de música y entretenidas en juegos y bailes. Esta idea no es falsa porque sea mentira, sino porque es una verdad a medias, y una verdad a medias también puede ser una mentira.
“¿Dijiste media verdad?
         Dirán que mientes dos veces
         si dices la otra mitad.”

Y es errónea esta afirmación porque además de cantar y bailar ayudan a los hombres en el campo, en la recolecta, tejen, algunas son hilanderas, otras matronas, muelen grano, cocinan, hacen mantequilla, algunas son guardianas de los bosques, otras de los ríos, protegen a los animales y plantas, otras acompañan a los ancianitos y solitarios, ayudan en las labores del hogar, aunque eso sí, y no podemos negarlo, otras dedican su tiempo a mirarse en el espejo mientras peinan su larga cabellera.

Los hombres del campo las conocen porque en ocasiones notan su presencia mientras trabajan. Dicen que son muy rápidas y constantes en todas sus labores. En el campo unas veces echan una mano en las labores de labranza, como en la recolecta, otras ejercen su control sobre el tiempo protegiendo las cosechas.

Uno de los oficios comúnmente  asociados a las hadas es el de hilanderas, donde son las mejores. En esta ocupación destacan por la habilidad  y calidad de sus hilados, esponjosos y apenas manoseados. En muchos cuentos el huso y la rueca de hilar son protagonistas, como en el de La Bella Durmiente, que la niña es condenada a pincharse con la rueca. Por cierto, tanto Perrault como Grimm tienen una versión de este relato, aunque los Hermanos Grimm la llamen Rosa-con-Espinas.

Son tan expertas en este arte que han montado una hilandería que dirige Habetrot, una vieja hada que ayuda a las jóvenes humanas poco diestras en la materia.  Un antiguo cuento inglés nos relata su habilidad.

Una mañana se levantó muy temprano una mujer para hacer unos ricos pasteles para sus hijos. Puso toda su ilusión y empeño, pero cuando salieron del horno estaban muy hechos y duros.  La mujer estuvo un rato pensando y decidió que si los dejaba reposar un rato se pondrían más blandos, por lo que le dijo a su hija:
- Lleva los pasteles a la alacena y déjalos un tiempo, vas a ver como volverán.
Dando por supuesto que la hija entendería la frase completa: “volverán a ponerse blandos”.
Pero la hija o no lo entendió o no quiso entenderlo, y se dijo a sí misma:
-¿Y por qué mejor no me los como, si luego van a volver otra vez?
Y se los comió.
Pasadas unas horas la madre recordó los pasteles, y pensó que ya estarían listos para comer, y dijo de nuevo a su hija:
- Ve a por los bollos, seguro que ya están en su punto.
Y la hija fue, miró la bandeja, pero no encontró ninguno.
- No, mamá, todavía no han vuelto.
- ¿Ninguno?
- No, mamá, todavía no ha vuelto ninguno.
- Pues trae uno, hija, que aun duro me lo comeré.
La hija no entendía lo que la madre le decía, ¿cómo se los iba a comer si no habían vuelto?, y contestó a su madre:
- Mamá, me los comí todos y no ha vuelto ninguno, ¿cómo quieres que te lo lleve?
Y la madre comprendió. Bastante bien que comprendió. Era tal su impotencia que por no darle una bofetada a su hija se fue a la puerta de su casa refunfuñando entre dientes:
- Cinco pasteles mi hija se ha zampado, cinco pasteles mi hija se ha zampado, cinco pasteles mi hija se ha zampado- hilando llena de rabia.
Un joven cruzaba la calle en ese momento por la calle y se acercó preocupado por la mujer.
- ¿Qué le ocurre?¿Puedo ayudarla en algo?
Pero la mujer no quería que supieran el apetito de su hija, y le dijo al joven:
- Cinco madejas mi hija ha hilado
- ¡Cinco madejas! ¡Qué muchacha más hacendosa! Una mujer capaz de hilar así y tan trabajadora seguro que es una buena esposa, enséñamela.
Y conoció a la joven, que además le pareció hermosa, y le pidió a su madre que se la diera por esposa, pero eso sí, le pondría una prueba. Durante once meses viviría con él en su palacio, y tendría todos los lujos que pidiera, pero al duodécimo mes tendría que hilar cinco madejas cada día. Si lo hacía sería la dueña de todo lo que él poseía y su mujer para el resto de su vida, si no la mataría por engañarle y por reírse de su honestidad.
La madre se puso muy contenta, porque el hombre era my rico, y la joven sólo pensaba en el presente, en el que viviría como una reina.
Y llegó al palacio. Los salones eran inmensos, muy iluminados, su habitación más grande que la casa entera de su madre, los techos altísimos, la decoración elegante, y lo mejor, cinco criados que le traían todo lo que ella quería y el mejor cocinero en palacio. La joven vivió feliz y despreocupada, su marido atento a ella. Y se olvidó, se olvidó de que al duodécimo mes tendría que hilar. Pero lo bueno se acaba pronto, y pronto llegó el momento.
- Mujer mía, mañana empieza el último mes de tu prueba, demúestrame lo bien que hilas- y le dio un beso de buenas noches.
La joven daba vueltas y más vueltas en la cama, sin saber qué hacer.
Al día siguiente su marido la llevó a una estancia grande, donde ella nunca había estado, con una rueca y todo el lino cubriendo la habitación. Luego se marchó y la dejó sola. La niña lloraba con angustia, sabiendo que era incapaz de hacer ni media madeja. De repente un pequeño hombrecillo se acercó a ella.
- ¿Por qué lloras?
- Déjame, nadie puede ayudarme - decía entre llantos. Y con la voz entrecortada le contó su disgusto.
- ¿Eso es todo? Tiene fácil arreglo. Todas las noches subiré a tu ventana y recogeré el lino necesario, y al día siguiente por la tarde, antes de que llegue tu marido te traeré las cinco madejas.
- ¿Y cómo te pagaré?
- No quiero dinero, a mí me gustan los juegos. Te propongo uno. Todas las noches, cuando venga a recoger el lino, te daré tres oportunidades para que aciertes mi nombre, si llega la última noche y no lo has acertado serás mía para siempre.
- Vale - dijo la joven, porque al fin y al cabo, ¿qué perdía, pues si no lo conseguía la mataría su marido?
Y así se hizo. Cada noche el hombrecillo recogía el lino y empezaba el juego.
- ¿Jack?¿Sam?¿Tom?
- ¿George?¿Jim?¿Lucas?
- ¿Carlos?¿Bill? ¿Robert?
- No
Y cada tarde le traía las madejas. Y transcurrieron los días, las semanas, y ya sólo faltaban tres días para que se cumpliera un año desde que llegó a palacio.
- ¿Ned? No ¿John? No ¿Job? No
Y la seguda noche lo intentó con nombres más raros.
-¿Rigoberto? No ¿Casimiro? No ¿Carpóforo? No
Y se marchó de nuevo. La joven lloraba de nuevo, pero esta vez de desesperación. Su marido se acercó antes de acostarse a ella, como cada noche a darle el beso de bienvenida.
- ¿Por qué lloras, amada mía, es por la emoción? Si sólo te queda una noche y lo has hecho muy bien. Te voy a contar algo divertido para que te rías. Hace un rato, cuando salí al jardín a darle el último vistazo a la casa, un hombrecillo negro daba botes de un sitio para otro, un pie para aquí, otro para allá, y cantaba algo muy gracioso que repetía mientras saltaba:
“Lo sepan o no
 mi nombre es Tom Tit Tot”
La joven abrió los ojos como platos, abrazó a su marido y le dio un fuerte beso.
- Ya veo que te has alegrado, cariño, anda, duérmete, que mañana te queda la última jornada y debes estar cansada - y se marchó.
Y llegó la última tarde, entregaba sus madejas y retorciendo las manos preguntó el hombrecillo:
- ¿Lo sabes?
- No, pero déjame intentarlo. ¿Jacob?
- No- y se reía dando botes el hombrecillo.
- Una vez más, ¿Gabriel?
- No- y la risa ya se oía en todo palacio.
- Déjame pensar un pareado, a ver, ¡ya lo sé!
Te guste o no
tú te llamas Tom Tit Tot.
- ¡Aaaahhhh!
Y desapareció.

Otro oficio común entre las hadas es el de matrona o ventreras. No deja de sorprender que en el momento de dar a luz las hadas busquen matronas para el momento del parto, porque precisamente son las humanas las que pedimos su protección para los nuestros. En Bretaña, por ejemplo, cuando una mujer se pone de parto, junto a su habitación se arregla otra y se le deja comida en la mesa, para conjurar a las hadas y que éstas les ayuden en esos momentos. No podemos reprochar a las hadas que rapten a matronas humanas para que las asistan, es conocida en el mundo entero nuestra experiencia en la concepción, y no hay más que ver a los chinos.

No podemos negar que muchas veces el apoyo que prestan a los hombres es fundamental. Cuando uno está perdido por el bosque un hada suele enseñarle el camino de vuelta (aunque otras se dediquen a perderlos para divertirse), otras acompañan a los ancianitos que están solos, entreteniéndolos con saltos y contándoles cuentos, otras auxilian a los viudos en las labores del hogar, limpiando y arreglando la casa a escondidas, otras socorren a los enfermos y les ayudan con su brebaje milagroso, otras enseñan a los hombres el misterio de las plantas para que ayuden a la humanidad, otras ...
 Y es que el hombre debería fijarse más en su entorno y pensar menos que todo ocurre por azar, ¿o todavía creen que la manzana de Newton se cayó por casualidad?
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